DESTINY
No consigo recordar cuando fue la primera vez que lo vimos. Lo cierto es que ya ha pasado casi un año. Estaba allí, en la puerta del Mercadona, pidiendo una ayuda con un ejemplar de "La Farola" en la mano. Lo decía muy bajito, casi con un poco de vergüenza, y sonriendo.
Desde aquel día siempre le damos algo. Jamás le cogemos el periódico. Es un pacto tácito. Ellos no mendigan, porque te ofrecen un servicio, y tu no se lo coges porque "ya estás informado". A lo largo de estos meses ha ido engordando. No sabría decir si ha sido a causa de una mejor alimentación o, simplemente, porque come solo grasas. Lo cierto es que siempre está en esa puerta, a todas horas, haga frío o calor.
Hay quien dice que no debemos fiarnos, que vive mejor que nosotros. Yo lo dudo mucho. A fuerza de verle todos los días que voy a comprar ya nos conoce. Cuando dejo los perros amarrados a la puerta, él les echa un vistazo y me los vigila. Cuando salimos siempre es mi gorda quien le da el dinerito, como dice ella.
Me gusta que aprenda a compartir, a dar a los que no tienen, aunque solo sean unas pocas monedas. Ahora es ella la que siempre me pregunta: ¿me das dinero para darselo al señor negro? Y yo se lo doy. Él siempre le acaricia la cabeza y le revuelve el pelo diciendola: Hola, mi amigo. Aún no ha aprendido nuestro idioma.
El caso es que, a pesar de verlo tan a menudo, jamás me había parado a hablar con él, salvo un buenos dias o buenas tardes y una inclinación de cabeza. Fué él quien rompió el hielo preguntándome como se llamaban mis perros.
Intenté explicarselo pero no me entendía y, al final, acabamos hablando en inglés. Su cara se iluminó. Debe ser que el idioma le recordaba a su tierra. Empecé a preguntarle y fue así como supe que se llamaba Destiny, nombre irónico donde los haya. Si, lo reconozco, se me pasó por la cabeza el chiste fácil, "tienes un destino muy negro, Destiny". Lo cierto es que me pareció un nombre precioso pero, sobre todo, un nombre de lo más apropiado y profético. Nos contó que había venido desde Nigeria en una patera con otras 40 personas, que 21 habían muerto en el viaje. Nos contó que su padre había sido asesinado ante sus ojos y que él había conseguido huir porque también le perseguían.
Él sigue sonriendo y yo no pude evitar preguntarle si realmente estaba mejor aquí, en España, que en su pais, y él, con toda la tranquilidad del mundo y con esa sonrisa tan pacífica y calmada me dijo que si, que está mucho mejor aquí.
Y, desde el otro día, no dejo de darle vueltas, porque yo no consigo sonreir así. Porque no tengo derecho a quejarme y lo hago. Y me doy cuenta en el momento, y me digo que vivimos mejor que queremos y que somos unos desagradecidos. Pero en seguida se me olvida porque miro mi armario y me encabrono al no encuentrar que ponerme, a pesar de tener tres armarios llenos de ropa. Porque me jode no poder comprarme una casita en la montaña cuando ya tengo ésta, y duermo caliente después de cenar como dios manda. Y lo se, es lo de siempre. Me doy cuenta de que soy una privilegiada, a pesar de las hipotecas, de los recibos y de trabajar en un lugar que detesto. Soy una privilegiada. Solo tengo que mirar a Destiny a los ojos para darme cuenta.
Y, sin embargo, no soy capaz de sonreir como él. Y no me han perseguido para matarme ni han matado a mi padre ante mis propios ojos, ni he cruzado media Africa ni el Estrecho ni he visto morir a 21 personas a mi lado, y, sin embargo, no consigo sonreir como él, ni sentirme afortunada. Y no dejo de escuchar a Demi Russos y soñar con cosas que nunca quise pero que no dejo de preguntarme como habrían sido si él las hubiese compartido conmigo. Como habría sido que él bailase conmigo el día de mi boda o que hubiese llevado a mi niña a bautizar...cosas así... totalmente absurdas y sin sentido, porque yo nunca he querido pasar por la vicaría ni estoy dispuesta a bautizar a mi hija. Ni siquiera creo en dios.
El caso es que no dejo de poner esa vieja cinta de Demis Russos. La pongo cuando estoy sola porque sé que es el único momento en el que me puedo permitir llorar de verdad, llorar y dejar salir toda esa pena que arrastro desde hace un millón de siglos. Y, supongo que no tengo derecho, porque yo tengo infinitamente más suerte que Destiny.
No lo se. Lo que si se es que yo no sonrío como él.
PD: Y ahora soy yo quien le canta esta canción a mi niña.








Hope dijo
Esta es el alma que yo veo aunque tú siempre te cuidas de esconderla. Es una parte, la que ha sobrevivido a los robos de la cámara, pero eres tú. Cuanto más cínica eres, más te delatas y aunque lo sabes, no puedes evitar la necesidad de quedarte tras las murallas de tu dolor y disparar cañonazos. Tu sentido de la autoconservación es fuerte porque tu vida ,aunque sin las tragedias de Destiny, es un drama inacabado en medio de una civilización fria que castiga los corazones que laten por injusticias con el peor insulto de nuestra época:débil.
No eres débil.Pero no porque tengas los arrestos para lanzar estocadas o calcular bombazos,sinó porque a la hora de la verdad, tus mejores armas son desarmar a los que te queremos con la verdad de tu alma, que es tan grande como pequeña eres tú.
Te quiero horrores,amiga mia.
18 Febrero 2010 | 05:43 AM