MUERTE CEREBRAL
Nada. Me cuesta muchísimo. No se me ocurre nada. No... no es cierto. Se me ocurren infinidad de cosas pero no con la suficiente fuerza. No con la fuerza de antes. Esa que hacía que me hormigueasen las yemas de los dedos hasta el punto de salir corriendo buscando un teclado donde calmar el picor de las mismas.
Pienso. Pienso mucho. Pero las ideas que tengo son frías. Son oscuras. Casi negras. Son difusas. Sin cuerpo. Volátiles. Apenas surgen, se esfuman. No consigo centrar mi atención ni mis pensamientos. Ando en una especie de limbo gris por el que pululo sin ninguna expectativa.
Un estadio anímico indescriptible. Ni soy, ni estoy. No se. Ya no hay historias. Ya no hay relatos. Ya no hay personajes extraños viviendo en mi azotea, saltando entre mis neuronas. Distrayéndome de mis quehaceres diarios.
Y esto lo pienso mientras seco una sartén. Mientras echo en un cubo un chorro de ajax pino y otro de amoniaco. Pienso que odio limpiar. Siempre he odiado todo lo que conlleva trabajar en una casa. Trabajo anodino que no reporta nada, excepto cansancio y frustración. Porque dentro de un buen rato todo estará igual que antes de pasar el puto amoniaco.
Se han esfumado los duendes. No me extraña. Dudo que sobrevivan entre tanta mediocridad. Entre tanta gama de grises. Los días de la semana se han vuelto idénticos. Cuesta diferenciar los lunes de los miércoles o los domingos. Un sin fin de días encadenados, todos del mismo color y sabor. Días que misteriosamente se convierten en meses y en años. Un montón de años.
Y ya no vale soñar. Los sueños ya no tienen el poder de un mórfico. El cuerpo acaba por acostumbrarse a todo tipo de drogas terminando por no sentir los efectos.
Acabas por no reir ni llorar, por no enfadarte, por no asustarte, por no alegrarte. Acabas por no nada.
Me cuesta un mundo escribir. Hilar una idea. Centrar mi pensamiento. Necesitaría un electrosock para despertar mi mente, para hacerla funcionar, para encontrar algo de vida en ella.
No consigo despertarla. A veces un cretino y sus hijoputeces lo hacen. Solo durante 50 minutos pero me saben a gloria porque durante esos 50 minutos escucho ideas que despiertan brevemente la que se encierra hasta la extenuación dentro de mi.
Me agota disimular. Cada vez más. No sirvo para ello. Me chupa las fuerzas hasta dejarme sin vida. Como si fuese un robot de esos que se van quedando sin baterias.
No hay cuidado. Ya me ha ocurrido otras veces. Supongo que es un impass de tiempo. Un lapsus que acabará por pasar o subsanarse. Como siempre. Solo que vengo observando que los lapsus son cada vez más largos. Más duraderos y a mi me cuesta cada vez más recargar las baterías. Será que estoy mayor. Que estoy cansada o que estas baterías ya se han desgastado y no se recargan tan fácilmente.
Empiezo a preguntarme que ocurrirá cuando las baterías ya queden inutilizadas. Cuando ya no puedan volver a cargarse por muchas pinzas que le pongas. ¿Quien sabe? A lo mejor para entonces mi cerebro se ha fundido del todo y mis neuronas andan sin vida y, entonces, ya todo de igual.
Hay que joderse, lo que me cuesta disimular. Fingir. Va a ser verdad. Nunca fue conmigo eso del Contrato social.











srta desconocida dijo
Si la vida se vuelve gris deberías comprarte una caja de rotuladores para pintarla, o quizá un billete a.. ¿era Irlanda? no sé, genérate tu propio electroshock, que en el fondo fondo fondo seguro que intuyes por donde debería ir ese calambrazo.. ¿a qué sí?
biquiños
10 Mayo 2009 | 11:55 PM