REVUELTO DE PATATAS
No hay nada más coñazo que comer sola un sábado y no tener nada hecho. Abres la nevera esperando encontrar algunas sobras que recalentar y resulta que las sobras ya fueron devoradas días antes. Así que estás ante la disyuntiva de tener que cocinar o tener que quedarte sin comer. El caso es que no tienes demasiada hambre pero tampoco te seduce ayunar cual católico en periodo de cuaresma.
Y lo peor de todo es que no te apetece plantarte en la cocina cual Arguiñano a prepararte un plato elaborado de esos que hacen época. En esas estaba cuando me he acordado del revuelto de patatas que preparaba Arsenio. De eso hace tantísimos años que ya ni recordaba que tenía que recordarlo. Pertenece a aquella época en la que yo era funcionaria. Aquella época en la que yo ni siquiera había cumplido los veinte.
Arsenio era aquel ¿¡chico¡? de 30 años que compartia buhardilla con aquel otro chico con el que compartí mi vida durante casi cuatro años. Cuando Arsenio no sabía que comer o no había llenado la nevera, que era casi siempre, pelaba unas patatas y las partía a modo de tortilla, troceaba una cebolla y lo freía en una sartén a fuego lento. Una vez que estaban hechas ambas, les echaba un par de huevos por encima y lo revolvía todo para sacarlo inmediatamente y servirlo en un plato. Hoy en día cualquier gilipollas lo vendería al público como "tortilla de patata desestructurada" pero en realidad era un revuelto de patatas en toda regla.
El caso es que hoy Sábado, que estoy sola, tengo que comer y no me apetece cocinar asi que me he preparado unas patatas al modo Arsenio. Hacía siglos que no me acordaba de ese chico y el acordarme de él me ha hecho recordar que hace un siglo yo salía con su compañero de piso. Un burgalés callado y extraño con el que nunca tuve demasiado que ver. Y con él me pasó como en aquella canción de Serrat, que me amigué más con sus amigos de lo que él se amigó jamás.
Y ahora que lo pienso, mientras me estoy comiento este revuelto de patatas con lo que sea y me estoy bebiendo un chato de rioja, me he dado cuenta de que le he recordado y apenas recuerdo nada de él, ni de los casi cuatro años que compartimos. Tan solo que era callado, que era extraño y que yo me aburría muchísimo porque el mundo a su lado me parecía tremendamente pequeño y claustrofóbico y yo no dejaba de mirar por las ventanas y ver una inmensidad al otro lado. Claro que también es verdad que yo no dejo de ver siempre un mundo inmenso cada vez que me asomo a una ventana y no dejo de pensar que el mundo en el que habito me resulta demasiado estrecho y reducido.
El caso es que de aquellos casi cuatro años no consigo rescatar recuerdos de verdad, recuerdos de una escena entera y no deja de ser preocupante. Casi cuatro años perdidos. Casi cuatro años compartidos con alguien de los que no hay nada que reseñar, nada especial, ni siquiera nada nefasto. Como un paréntesis en la memoría de un amnésico. Lo que si recuerdo es a Arsenio y a su novia. Arsenio y esa obsesión suya por acabar una tesina para su doctorado. Una tesina sobre filosofía basada en una cantidad inmensa de elucubraciones que nunca tenían demasiado sentido pero que, misteriosamente, no dejaban de tenerlo.
Recuerdo el continuo olor a maría. La cantidad de marihuana que podía fumar al día debería haber estado registrada en el Guinnes de los records, y esa manía suya de dejar amontonados los vasos vacíos de café del desayuno encima de la tabla a modo de mesa donde intentaba escribir su tesis, entre peta y peta.
Recuerdo el cerro de ropa del tal Arsenio sobre una silla, siempre sin planchar, que se ponía invariablemente sin haber planchado. Y a su novia, siempre vestida de una manera pulcra y elegante, como una Catherine Hepburn moderna.
De aquellos casi cuatro años apenas recuerdo nada de aquel burgalés que llegó a mi vida porque yo intentaba escapar de un niñato que me obsesionaba desde la pubertad, y no encontré mejor manera para olvidarlo (por cierto, que me dió igual porque la obsesión del niñato no me abandonó en todo aquel periplo) que "amigándome" con la gastronomía burgalesa e inflándome a tigres y a morcillas.
Lo que si me ha quedado es el recuerdo de aquel revuelto de patatas, la herencia de una receta maravillosa para hacer salsa boloñesa que Arsenio me enseñó, la música que ponían por las noches en el QK bar, en Noviciado y el descubrimiento, regalo de la novia del susodicho, de la tremenda Lupe. La Lupe.
No se si Arsenio conseguiría escribir por fin aquella tesis suya ni si su novia consiguió que el dejara de ser tan espeso y aquella habitación suya dejase de ser una pocilga. Lo que si se es que hay algunas verdades irrefutables que obtuve de aquellos años:
-Que fumar tanta marihuana produce extrañas perfepciones de la realidad (a tenor de los monólogos que me tragué del tal Arsenio).
-Que La Lupe es una joya que hay que preservar.
-Que la salsa boloñesa es un bien preciado de la humanidad
-Que los tigres me salen como dios.
-Que en Burgos hace tanto frío que es imposible que no se te hielen los pies, el corazón y el alma.









Mariana la Aldeana dijo
Joe con las verdades, como pa enmarcarlas, que algo de Burgos sé, mis experiencias con la planta ya os los tengo contaos, y no hay pa un funeral canción como La Lloradora de La Lupe; soy una enamorada de esa mujer resucitada por Almodovar.
En cuanto a tu maestría con los tigres, pues no tengo el placer, y la receta esa tan especial de boloñesa... ya la compartirás, ¿no?
Mira, me ha dao antojo por culpa de este artículo y me estoy preparando unas patatas guisadas pa esta noche que por como están ahora, van a resultar un manjar. ¿Gustas?
Besos, guapetona.
4 Abril 2009 | 07:42