LEGAZPI
Y esta estación de metro ya no parece la misma. A veces me sorprende. Algunas mañanas resulta distinta. Y no es que la gente sea otra o que sonrían más o incluso te miren. En realidad la gente sigue siendo la misma, supongo, porque tampoco me paro a mirarles ni observarles. Ni siquiera recuerdo sus caras. Ni siquiera intento memorizarlas.
Pero estos días la estación parece distinta. Los paneles siguen siendo los mismos. Blancos impolutos. Y sus escaleras mecánicas siguen el mismo ritmo acompasado. La misma linea gris que se aturulla, que tarda, que se estropea, que se hace rogar. La misma linea amarilla que trae vagones atestados de sueños rotos y de anhelos no alcanzados. La misma gente perdida en vidas que no son las que esperaban.
Y sin embargo, algunas mañanas es distinta. Y es que estos días se van turnando "ellos". Cada mañana hay uno distinto, ¡pero tan parecidos¡. Y consiguen que la estación se ilumine. Y ya no es la estación, ahora es LA ESTACIÓN.
Son ellos, los artistas callejeros. Esos a los que nadie se para ni a mirar ni a escuchar. Esos que pasan desapercibidos. Esos que, a veces, a algunas personas les resultan hasta molestos.
Han llegado ellos y han esparcido durante unas horas un poco de luz. Un poco de ese polvo de oro que Campanilla esparcía sobre los niños para que pudiesen soñar y volar.
Y hoy estaba ese señor que toca la guitarra eléctrica de puta madre. Y estaba tocando Let ir be, de los Beatles, y... joder¡¡ que bien la tocaba. Y hasta me he quedado unos minutitos en el vestíbulo del metro solo para poder oirle. Y me han dado ganas de quedarme un buen rato, porque no todos los días se escucha música con tan buena acústica ni de una manera tan agradable.
Y el otro día volví a escuchar a ese matrimonio ruso. Porque tienen que ser un matrimonio. Porque ella le sigue mirando con una dulzura que sobrecoge. Y son viejecillos. Y el sigue tocando con ese empeño, esa dedicación, y con ese amor que solo tienen los que realmente aman su profesión.
Estoy segura de que el ama tocar el violín más que nada en el mundo. Porque intenta hacerlo perfecto. Y esta vez estaba tocando una de las estaciones de Vivaldi. Y he vuelto a acercarme a echar unas monedas. Porque realmente me ha gustado mucho y me ha hecho sentir bien. Y es de bien nacidos ser agradecidos.
Y me he quedado como una boba mirando el platillo. Porque esta vez estaba repleto de monedas, hasta arriba, y la gente se paraba a escuchar. Y les he sonreído igual que una niña a la que Campanilla acaba de rocíar con polvo de oro.
Y por un momento me he dicho que a lo mejor no está todo perdido. Y me he acordado de todos esos "artistas callejeros" que hay por el mundo, y sobre todo de "esos" que no se han visto recompensados por una sonrisa ni por un aplauso ni un reconocimiento. Y he pedido un deseo: ¡ que todos los platillos de los artistas callejeros estén repletos de monedas, al menos una vez en la vida¡¡¡ Que a ese artista callejero en particular alguien le regale una hermosa sonrisa de agradecimiento, para variar.
PD: Y hoy escribo a colores porque hace mucho tiempo lo hacía, y a algunos hasta les gustaban mis colorines y mis letras enormes e infantiles.
Y hubo un tiempo en el que yo soñaba pero nunca le dije a nadie con lo que soñaba. Que a mi me hubiese gustado ser artista, como decía Conchita Velasco. Que me habría gustado salir en las películas y ser tan hermosa y arrebatadora como Ava Gadner, y que si lo hubiese intentado ahora, a lo mejor yo sería una de esas "artistas callejeras"
Uff, y dentro de nada será tiempo de albaricoques.









sansar dijo
¿y quién te ha dicho que no eres una artista?
clink clink!! ahí va un euro ;-)
besos
24 Marzo 2009 | 05:45 PM