No recuerdo desde cuando pero parece que sea hace una eternidad. No se cuando comenzaste a hacerlo pero se ha convertido en una costumbre, y la costumbre se ha hecho ley.

Rodeas mis acciones con palabras suaves y sonrisas pero en cada frase se esconde un reproche, una corrección, una puntualización.

No hay algo que yo no haga bien pero, que, podría haberla hecho mucho mejor. La cena está deliciosa pero yo le habría añadido esto o aquello. Todo está bien pero el otro día te salieron mejor. La cerveza está muy fría pero si la hubieses metido en el congelador estaría superior.

Perdona pero te olvidaste de traer el pan. Y yo sonrío y digo que no pasa nada, que enseguida lo traigo. Vaya¡, se me olvidó pedirte las aceitunas. Por cierto, puedes cambiarle el plato a la niña porque en ese siempre se le cae la cuchara. No te apures hija, que mamá no se ha dado cuenta de ponértelo en un bol más pequeño. Contesto yo.

Y yo no dejo de repetir “lo siento”, ahora lo traigo. Lo siento, la próxima vez no se me olvidará, lo siento, lo siento, lo siento...

Pido disculpas por equivocarme a todas horas, por no hacer nada como se espera que haya de hacerlo. Pido disculpas como si me dirigiese a un extraño y hubiese cometido un error que podría haberse evitado, aunque ese error no fuese imperdonable.

Me paso los días intentando que todo esté perfecto. Pero, ¿que es la perfección? Supongo que la perfección es lo que tú esperas que ha de hacerse. Llevo tanto tiempo intentando ser la mujer que quieres que sea, que me he olvidado de quien es la mujer que soy o era.

Ya no soy la mujer que era y ese es el reproche constante. Pero, entonces, si fuese la mujer que solía ser, seguiría cometiendo esos fallos “perdonables” pero que me recuerdas en todo momento.

Me esfuerzo tanto por hacerlo todo bien que ya no se ni lo que hago. Y cada “corrección” me hace sentir más inútil, más pequeña. Y cada “error” me hace sentir más indecisa, más insegura, más torpe. Y esa inseguridad me lleva a hacer las cosas cada vez peor, o cada vez como menos te gusta que las haga.

Y cada día me veo más chiquitita y te siento más extraño, y no reconozco a ese hombre ni me reconozco a mí. Ya no me enfado, ni contesto, ni grito. Ya no reniego ni me niego a soportar. Callo. Solo callo y asiento. Y hablo para mí, y me digo que no doy una a derechas. Que todo me sale al revés y que no importa el empeño que ponga o como lo ponga, porque nunca estará perfecto, porque siempre habrá un pero, pero...

¿Que hacemos con los peros cuando se nos atragantan en la garganta y se anudan al estómago y al alma?

¿Que hacemos con las sonrisas que no son risas sino muecas de condescendencia?

Y sonríes y dices que todo está perfecto tal y como está porque yo soy así y no voy a cambiar. Todo está perfecto tal y como está porque no se me puede pedir más, porque es pedirle peras a un Olmo. Soy la cruz que te ha tocado llevar y lo llevas y sobrellevas hasta que dejes de llevarlo.

Y me miro en tus ojos y a través de ellos veo lo que tú ves. Y soy esa mujer que hace lo que puede para que todo esté perfecto pero que nunca lo está. Y no importa que te esfuerces, cariño, porque eres un desastre y no vas a cambiar. Y yo te escucho mientras sonríes asumiendo tu “desgracia” y veo reflejada en tus ojos la imagen de esa mujer pequeñita que jamás tiene un momento para ponerse un vestido bonito, esa mujer que se ha vuelta tan pequeñita que no le queda capacidad para sorprenderte.

Pero no te lo tomes a mal, cariño. Si yo te quiero, no me gusta como eres, pero te quiero, escucho mientras te miro desde abajito, muy abajito, en el suelo. Y veo desde allí abajo la casa descompuesta, las camas revueltas, la ropa de la plancha que no deja de subir al techo. Y tú sigues sonriendo mientras dices con dulzura: “Yo me organizaría mucho mejor si fuese tú”. Pero tú, que soy yo, soy incapaz de organizar tamaño desastre, porque el desastre cada vez es mayor y yo cada vez soy más pequeña.

Me vuelvo a la cocina a buscar el pan que he olvidado y, mientras lo hago, mi mente habla en silencio, y mira hacia la puerta de la calle e imagina. El monólogo es callado y continuo. Repite una y otra vez que hay demasiadas correcciones, demasiados peros, demasiada condescendencia, demasiados lo siento sin sentirlo, porque, ¿de veras hay que sentirlo?, y miro a la puerta y me imagino a esa mujercita pequeña, casi diminuta, saliendo por ella sin decir adiós. Saliendo por esa puerta en silencio. Sin hacer ruido, dejando atrás un agujero negro.

Y en ese agujero negro están todos los reproches que no lo son, todos los peros que si lo son pero no los ves. En ese agujero está todo el empeño puesto para ser de ayuda pero que no te sirve porque es una ayuda que no llega a ningún sitio ni es de utilidad. En ese agujero negro está ella y me pregunto si en sus ojos, cuando me mira, ve la misma imagen que ves tú Me pregunto si ve una mujer diminuta o una madre inmensa. Los dos sois como gotas de agua y me preguntó si pensareis igual. Si ella creerá que soy “la cruz que le ha tocado llevar”.

Y me dirijo a la cocina y dejo la puerta de la calle a un lado. Cojo el pan y lo llevo a la mesa. Lo siento, se me olvidó traerlo. ¿Quieres algo más? Pues si me traes una cerveza, pero que esté helada. Y palpo la botella no vaya a ser que no esté lo suficientemente fría pero... será inútil. Algo habré hecho mal o no del todo bien.

Y me quedo en ese agujero negro aun a sabiendas de que iré empequeñeciendo poco a poco, cada día, un poquito más.

Me quedaré, mientras me pregunto y barrunto si es amor lo que siento o costumbre, constancia o insustancia. Si es anhelo, desvelo o vacío. Mientras el silencio lo envuelve, lo revuelve, lo consume todo.

Y te miraré. Miraré a ese hombre al que no conozco y desconozco. Al que un día quise y me admiró, que me quiere pero no le gusto. Ese hombre que empequeñeció al hombre que me gustaba a mí, para cederle el puesto a éste al que le cayó esta “cruz”.

Y me iré haciendo más pequeña en el reflejo de mi imagen en tus ojos. Cada vez más pequeña hasta perderme en la sonrisa condescendiente de tus labios.

Iré menguando poco a poco hasta que ninguno de los dos seamos capaces de encontrar el más leve rastro de aquella mujer que fui y que tú te has empeñado en mostrarme que ha dejado de existir. Hasta que no quede ni un leve suspiro de mi esencia ni mi presencia, ni tan siquiera para escuchar el leve eco de un susurro que diga “lo siento” por última vez.

Cierro mis ojos solo por un momento
Y el momento se ha ido

Todos mis sueños pasan enfrente de mis ojos, una curiosidad

Polvo en el viento, solo son polvo en el viento

La misma vieja canción, solo una gota de agua en un mar infinito

Todo lo que hacemos se derrumba, aunque rehusemos verlo

Polvo en el viento, solo somos polvo en el viento

No te aferres, nada dura para siempre....solo la tierra y el cielo

Se nos escapa, todo tu dinero ni un minuto mas puede comprar

Polvo en el viento, todo lo que somos es polvo en el viento.

I close my eyes, only for a moment and the moment´s gone

All my dreams, pass before my eyes a curiosity

Dust in the wind, All they are is dust in the wind

Same old song, just a drop of water in an endless sea

All we do, crumbles to the ground though we refuse to see

Dust in the wind, All we are is dust in the wind

Don't hang on, nothing lasts forever but the earth and sky

It slips away, all your money won't another minute buy

Dust in the wind, All we are is dust in the wind